Pasar muchas horas jugando no basta para diagnosticar una adicción
Los videojuegos pueden ser una forma saludable de entretenimiento, aprendizaje y relación social. El problema aparece cuando se pierde el control, jugar se convierte en la prioridad y la conducta continúa a pesar de consecuencias claras.
La Organización Mundial de la Salud reconoce el trastorno por uso de videojuegos en la CIE-11. Para hablar de un trastorno, el patrón debe provocar un deterioro significativo en la vida personal, familiar, social, educativa o laboral y mantenerse normalmente durante un periodo prolongado.
La evaluación debe diferenciar entre una afición intensa, un uso problemático circunstancial y una verdadera adicción. También es necesario valorar ansiedad, depresión, TDAH, aislamiento, dificultades familiares y otros problemas que pueden favorecer o mantener el uso.